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Investigan una vacuna contra la sífilis

Científicos colombianos y estadounidenses identifican proteínas en la bacteria causante de la sífilis que podrían servir como dianas terapéuticas para una futura vacuna contra esta enfermedad.

La prevalencia de la sífilis, en aumento en todo el mundo
Pese a los esfuerzos por erradicarla, la sífilis continúa siendo una patología muy común. Es la segunda causa de abortos no provocados en todo el mundo, y, si no es tratada, puede causar infartos, demencia y trastornos neurológicos. Además, la aparición de cepas de sífilis resistentes a los antimicrobianos es motivo de preocupación para las autoridades sanitarias. La OMS estima que en 2012 unas 10,7 millones de personas de entre 15 y 49 años tenían sífilis, y que cada año 5,6 millones de personas contraen la enfermedad. Su prevalencia crece en todo el mundo. En 2015, el Instituto de Salud Carlos III alertó que los casos declarados de sífilis en España habían experimentado un importante crecimiento. En seis años (2006-2012) se pasó de cuatro infecciones por cada 100 000 habitantes a 7,8, con una cifra total de más de 3 600 contagios.

Hasta ahora, el tratamiento de la sífilis, a base de penicilina, se centra en las personas que contraen la enfermedad, lo cual requiere identificar a las personas que han tenido relaciones sexuales con el enfermo. Este método tiene la limitación obvia de que muchas personas no están dispuestas, y/o no pueden, revelar con quién ha tenido relaciones recientemente. Otro problema es la dificultad del diagnóstico de la enfermedad. “La sífilis es el gran imitador; puede adquirir la apariencia de hiperpigmentación, o de otros trastornos”, comenta el Dr. Salazar, uno de los autores del estudio.

Treponema pallidum: difícil de estudiar
La bacteria causante de la sífilis, treponema pallidum, es difícil de investigar, pues, al contrario que muchas enfermedades causadas por bacterias, no puede ser cultivada en un laboratorio o en modelos animales. Además de humanos, el único animal de laboratorio que puede ser infectado por la sífilis es el conejo, pero este supera con rapidez la enfermedad, por lo que se les debe infectar regularmente. Otra dificultad de la investigación de t. pallidum es que, también al contrario que la mayoría de bacterias, es sumamente delicada, por lo que resulta difícil analizarla para identificar las proteínas situadas en el exterior del patógeno. De hecho, aunque la bacteria de la sífilis fue identificada en 1905, hace más de 100 años, hasta ahora no se había conseguido identificar las proteínas presentes en su membrana exterior.

Identificar esas proteínas resulta clave, pues sirven para que nuestro sistema inmunitario pueda identificar invasores microbianos, y también para desarrollar una vacuna contra la enfermedad. Con la invención de los análisis genéticos, se estudió el código genético de T. pallidum, pues se creía que tal vez los genes de las proteínas exteriores serían similares a los de otras bacterias. Pero la bacteria de la sífilis pertenece a una rama de las bacterias completamente diferente, que tiene poco que ver con bacterias más comunes.

La única ventaja del código genético de la bacteria de la sífilis es su tamaño: tan sólo tiene unos 1 000 genes. Esto hace que las cepas de lugares muy diferentes sean muy similares entre sí, lo cual tiene sentido en un organismo con un código genético tan pequeño: tan sólo cambian su código genético para una cuestión de vida o muerte, esto es, para escapar al sistema inmunitario.

¿Futura vacuna contra la sífilis?
Los autores del estudio sospechaban que esos genes mutados codificaban las proteínas que estaban buscando, por lo que utilizaron un programa informático para modelar las proteínas que esos genes podrían codificar, y ver si esas proteínas tenían la característica forma de barril que las proteínas que las bacterias tienen en sus membranas externas. Y así fue: las proteínas tenían la forma esperada. Los investigadores desarrollaron las proteínas en el laboratorio, y estas se plegaron para con forma de barril. Por último, desarrollaron anticuerpos contra estas proteínas, las cuales se agregaron al exterior de bacterias T. pallidum intactas.

Dado que una proteína que muta para ocultarse del sistema inmunitario no es una buena candidata para una vacuna (es necesario lo contrario: proteínas que sean siempre iguales en cada bacteria sifilítica), el paso final de los investigadores fue volver a estudiar el código genético de T. pallidum para buscar genes que codifiquen proteínas de la membrana exterior que nunca cambien. Una vez identificadas estas proteínas, el siguiente paso será utilizarla para inmunizar conejos contra la sífilis. Si la vacuna funciona en modelo animal, el paso siguiente será experimentar en humanos. 
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